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Si de algo podemos tener certidumbre hoy en día es de la existencia del cambio. ¿Queda algo fuera de cuestión? ¿Podemos afirmar de algo que seguirá siendo igual en 30, 10, 5 años?

Cada vez es más difícil hacer este ejercicio y hasta las instituciones más sólidas, fiables e inasequibles a la mutación, están inmersas en esta vorágine transformadora.

El ranking de empresas con mayor volumen de negocio ha pegado un vuelco inaudito. Gracias las nuevas tecnologías, el tejido y el peso de las economías mudan, las ideologías se confunden, los valores tradicionales entran en crisis… y cómo no, el clima está cambiando.

Eso sí, sabemos que este permanente estado de transitoriedad no va a acabar, más bien al contrario, los cambios se aceleran más y más cada día, impulsados por los avances tecnológicos.
La rapidez es un valor en sí y la era digital facilita este tránsito hacia la mejora continua, la búsqueda de un santo grial, realmente inalcanzable, que nos obliga a transitar permanentemente en lo desconocido. Es la “Liquid Modernity” como describió magistralmente Bauman.

La transformación digital:
Pero dado que no nos queda otra, el marketing digital nos ayuda eficazmente a adaptarnos a este entorno tan cambiante y diverso y a sacar lo mejor de nuestras organizaciones.

Con el plano online nos embarcamos y surcamos este océano con ciertas garantías de éxito.El medio digital nos ofrece valiosas herramientas que permiten corregir errores sobre la marcha, virar el rumbo, utilizar los recursos de otra manera más eficiente y volver a controlar que las medidas establecidas estén acercándonos efectivamente al puerto elegido.

 

Los indicadores de rumbo:
En esta función de guía son fundamentales los KPI (indicadores clave de rendimiento). Su correcto establecimiento es vital para poder controlar la ejecución de la estrategia establecida. Gracias a los KPIs verificaremos la eficacia en el cumplimiento y la buena dirección de los objetivos establecidos.

Tampoco debemos olvidar que estos objetivos deben cumplir la regla SMART. Es decir deben ser:
eSpecíficos: claros y concretos.
Medibles: si no se pueden cuantificar no nos valen
Alcanzables: no se trata de soñar sino buscar aquellos objetivos que realmente se puedan cumplir con los objetivos disponibles.
Relevantes: significativos para la estrategia de nuestro negocio
Temporizados: debe indicarse el plazo de tiempo en el que deben cumplirse

En caso que los KPIs no evolucionen correctamente, deberemos cambiar, probar una nueva vía que reconduzca nuestros esfuerzos y mejore la eficacia de su acción.

Ejemplos de KPIs más utilizados en Marketing Digital son: nº de visitantes únicos, páginas vistas, tiempo de permanencia en el sitio web, CTR o tasa de clicks (también aplicable a los mailings), tasa de rebote, nº de seguidores, contenidos compartidos…
Existen multitud de indicadores que podemos establecer. Aquí tampoco hay reglas fijas y según los casos, la estrategia y los objetivos establecidos, unos serán más eficaces que otros.

 

Los tests previos:
Pero el Marketing Digital no solo ofrece herramientas para modificar el contenido de nuestras acciones sobre la marcha. También disponemos de ciertos procedimientos para optimizar los resultados antes del lanzamiento de la acción. Como ejemplos en este sentido tenemos los Tests A/B previos a un mailing masivo y las encuestas mediante las RRSS.
Hablaremos en futuros posts de estas herramientas, pero ahora lo que sí me gustaría es resaltar la importancia de testar y probar ante la incertidumbre de los resultados en este entorno tan voluble e incierto.

En resumen, la única forma de seguir optimizando es la prueba. Todo es mejorable y lo que ayer funcionaba, puede que hoy ya no cumpla. Deberemos tenerlo siempre en cuenta para conseguir los mejores resultados, los más ajustados a los objetivos establecidos.