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¿Es eso cierto? ¿Puede el pequeño negocio hacer frente a las grandes empresas, franquicias, multinacionales, con recursos ilimitados y que arrasan allí por donde pasan?

La verdad es que sí, hay resortes y ventajas competitivas que la pequeña empresa posea frente a sus mega-competidores.

Todo parte siempre de una correcta definición del negocio y de la propuesta de valor que se ofrece a nuestro público objetivo.

Digamos que hemos hecho correctamente los deberes. El beneficio que hacemos llegar a nuestros clientes es suficientemente atractivo para un segmento determinado de población. Ya tenemos clientes, incluso algunos fieles. Ya tenemos una ventaja frente a las grandes empresas con centros decisión alejados del mercado y con cadenas de mando para las tomas de decisiones, bastante más complejas que las de la pequeña organización, más cercana a su mercado y a sus clientes.

En esta cercanía y conocimiento de nuestro cliente, reside una de nuestras mejores bazas, frente a los grandes competidores; una ventaja que ahora el marketing online puede ayudarnos a explotar y sacarle el máximo provecho.

De hecho, se da la paradoja que las nuevas tecnologías, el marketing digital, van a apoyarse y fomentar, el antiguo “boca-oreja”, el “word of mouth” tan utilizado en los temarios de marketing digital.  

Lo cierto, es que no hay una herramienta de prescripción más potente que la recomendación de un amigo.

Ahora potenciar esa prescripción, ese word of mouth, es más fácil que nunca. Sólo tenemos que aplicar la metodología adecuada para aprovechar nuestros puntos fuertes. Como hemos dicho anteriormente, debemos sacarle el máximo partido a la cercanía con nuestros clientes a nuestro conocimiento de los mismos.

En este punto podemos preguntarnos dónde reside la fortaleza real de nuestro negocio y su futuro: ¿en los clientes actuales o la captación de nuevos clientes? Sin lugar a dudas, son los clientes actuales los que nos han permitido llegar a donde estamos y en los que tenemos que basar nuestra estrategia para seguir creciendo. Son ellos además el referente para que nuevos clientes se incorporen a nuestra familia.

Otra vez aquí el marketing digital nos va a facilitar el trabajo: cuidemos a nuestros mejores clientes, lleguemos a ellos con más frecuencia mediante la utilización de las RRSS y, más directamente,  con envíos regulares de mails. Escuchemos su opinión y elaboremos un programa de incentivos para fidelizarlos e integrarlos como nuestros más valiosos prescriptores. Que su experiencia comercial sea especialmente gratificante y cumpla con creces sus expectativas, de forma que pueda transmitir esa satisfacción y confianza a nuevos clientes potenciales mediante el boca-oreja y su amplificación gracias a las redes sociales.

Como resultado fortaleceremos el negocio y no solo nos defenderemos de “los cocos” sino que también aseguraremos nuestro crecimiento.