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Que “nunca llueva  a gusto de todos” es muy cierto. Tan cierto como que cada uno tiene sus gustos, sus intereses, su cultura, sus experiencias, que condicionan nuestras decisiones y moldean nuestra forma de ser.

Así somos y así son nuestros clientes también. Los hay futboleros o antifútbol, urbanitas o camperos, fiesteros o solitarios, socialmente comprometidos o individualistas, de android o de apple…

Y claro, ofrecer  vinos a  los abstemios, seguro que no va a generar un filón de ventas.

Por ello, para el éxito de nuestro negocio es imprescindible definir de forma clara y concisa quién es nuestro público objetivo.

Ámbito geográfico, grupo de edad, sexo, estado civil, nivel de estudios, pero también aficiones, tipo de trabajo, eventos a los que acude, tipo de compras que realiza o tipo de establecimiento, etc Cuanto mejor definamos a nuestro público objetivo, más atractiva podrá ser nuestra propuesta de venta hacia el mismo. En un entorno tan competitivo y saturado como el actual, ganar el máximo atractivo en nuestra oferta hacia los clientes potenciales, es clave.

Se trata como siempre, de maximizar la eficiencia y rentabilidad de nuestras inversiones. Nadie abre la cámara frigorífica de un supermercado y coge el primer producto que alcanza su mano, lo compra y lo prueba a ver si ese día tiene suerte y ha comprado lo que realmente buscaba. Sería un proceso demasiado caro y frustrante. Lo mismo ocurre cuando se ataca a un público indiscriminado, sin conocer su tipología, ni si realmente son clientes potenciales para mis productos o servicios. Malgastamos valiosos recursos y no obtenemos ningún resultado en nuestras ventas. Estamos de acuerdo, un ejercicio frustrante y descorazonador

La primera pregunta que debemos hacernos es “¿conocemos realmente a nuestro público objetivo?”.Y más áun: ¿Conocemos realmente a nuestros clientes actuales?, ¿podemos establecer una tipología de cliente interesado en nuestros productos o servicios?. En el momento que lo hayamos conseguido, habremos dado un paso fundamental para el éxito de nuestro negocio: ya sabremos a quién nos dirigimos y por tanto, podremos definir qué queremos contarle y cómo se lo queremos contar. Habremos pasado del cliente anónimo al cliente con cara  y ojos. Hay quien incluso le llega a dar un nombre virtual para “personificarlo” aún más: Sonia Martínez, Pedro Santamaría o Ines Urrutia…

Y estamos de enhorabuena  porque el acceso a estos “públicos personificados” se ha facilitado enormemente gracias a los medios digitales. Es decir, ahora ya podemos no sólo concretar el mensaje y hacerlo más atractivo, sino que también podemos hacérselo llegar a Sonia Martínez, Pedro Santamaría o Inés Urrutia y sólo a ellos, maximizando la rentabilidad de nuestra inversión.