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Lo que funciona aquí no tiene por qué funcionar allí. Lo que te funciona a tí no tiene por qué funcionarme a mí… o sí…

El punto de partida de cualquier Plan de Marketing es conocerse a sí mismo y establecer honestamente las fortalezas con las que contamos y las debilidades que debemos contrarrestar.

Sólo así podremos definir objetivos razonables y alcanzables. Y es que debemos ser conscientes de que los objetivos establecidos van a guiar nuestros pasos a partir de su aprobación. Si realmente están por encima de nuestras posibilidades, generarán stress, fracaso y frustración. Pero si están por debajo, relajación, desidia, fuga y finalmente fracaso y frustración.

Un punto de ambición no sólo es saludable sino imprescindible, el punto muerto no deja de ser una entelequia: en el mundo real o vas hacia delante y caes sin remisión. Es el efecto giroscópico de una sociedad que cada vez gira más deprisa y donde los últimos de la fila acaban por desvanecerse!

En cualquier caso, un mal objetivo siempre será mejor que la ausencia de objetivos. Sin objetivo, estamos a la deriva y la única certidumbre es que nos perderemos. Un mal objetivo guiará a la organización por un camino equivocado, pero por lo menos puede ser corregido.

 

Bien, ya nos conocemos a nosotros mismos y sabemos de lo que somos capaces. Es un gran paso, un paso vital, pero aún no es suficiente, ni mucho menos: aún no habremos hecho nada si no conocemos también el entorno en el que nos movemos y al resto de actores que van a competir con nosotros por una parte del pastel, por seducir a una porción significativa de los consumidores interesados en adquirir nuestros productos o servicios.

Y es que según palabras de Sun Tzu, en su “Arte de la Guerra”, “hacerte invencible significa conocerte a tí mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás”. Para él las verdaderas victorias, las más valiosas, no se ganan en los campos de batalla, sino en la fase de planificación: “un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después”.  Conozcamos a fondo pues el entorno y al resto de los actores del mercado antes de decidir nuestros próximos movimientos, nuestros objetivos.

 

Conociéndose uno mismo y estando al tanto de nuestra competencia (y sus vulnerabilidades), podremos trazar el objetivo correcto y ganar la batalla incluso antes de librarla.